Veamos el origen de la palabra: estrés, proviene del latín "stringere" que significa: estrechar, apretar, tensar... Es un mecanismo vital, casi imposible e innecesario de eliminar por completo. Cuando sentimos estrés, se liberan hormonas como la adrenalina, lo que mejora el estado de alerta y el rendimiento. Esta respuesta nos ayuda a concentrarnos, ser más eficientes e incluso más creativos.
Aunque cueste creerlo: "¿El estrés no es algo malo en sí mismo. Lo que debemos evitar es mantenernos en una situación de estrés permanente".
Se convierte en un problema cuando se vuelve crónico, sostenido en el tiempo, y cuando en lugar de lidiar con lo que nos estresa, dejamos que los pensamientos, sentimientos o dolencias que genera se asienten constantemente. Es ahí cuando comienza a afectar nuestra salud física y emocional.
Nuestros cuerpos están diseñados para liberar la hormona cortisol cuando nos enfrentamos al estrés, aunque se ha demostrado que mantener niveles altos de cortisol durante mucho tiempo afecta no solo a nuestra inmunidad, sino a casi todos los sistemas fisiológicos.
Estrategias para reducir el estrés crónico:
Identificar:
Ponerle nombre a lo que nos estresa y nos causa ansiedad (trabajo, personas, situaciones...), es la manera de reconocer qué desencadena el malestar y, de este modo, es más fácil controlarlo y encontrar las herramientas para gestionarlo mejor. Ante una situación estresante, cada persona reacciona según su bagaje físico y emocional.
Ralentizar/Relajar:
La neutralidad emocional es un estado casi inalcanzable; aunque existen prácticas diarias que nos ayudan a acercarnos a él escuchando a nuestro cuerpo y sus sensaciones. Practica el ejercicio de estar en el presente (menos sujeto al futuro o al pasado), respirar, realizar breves meditaciones, dar paseos por la naturaleza y darle a nuestra mente un descanso necesario.
Nutrir:
El estrés se queda atrapado en el cuerpo y es ahí donde se manifiestan sus efectos: molestias digestivas, dolores de cabeza, dolor de espalda y más. Ciertamente existe una conexión nutricional con el estrés; lo que comemos y cómo lo comemos es importante. Necesitamos una dieta que calme y proteja nuestro sistema nervioso y evite la inflamación como factor que estresa nuestro cuerpo. Alimentos frescos llenos de enzimas, probióticos, magnesio, potasio, vitaminas y aminoácidos.
Positivizar:
Hay que ser conscientes de lo que le hacemos al cuerpo con nuestros pensamientos para poder cambiar de perspectiva, respuesta o reacción ante una situación que nos supera. Para ello es importante trabajar en nuestros propios sentimientos negativos o limitantes. Evitemos ser demasiado duros con nosotros mismos, ya que la autoexigencia es parte del estrés que nos infligimos a diario.
Suplementación recomendada
Extensas investigaciones médicas y terapéuticas sugieren que uno de los enfoques más poderosos para reducir los niveles de cortisol y tratar el estrés crónico es la suplementación con hierbas y hongos adaptógenos, que aumentan la resistencia del cuerpo al estrés físico y emocional.
Incorporar adaptógenos en tus hábitos diarios te ayudará a manejar cómo respondes al estrés diario de la vida moderna. Este sencillo hábito hará maravillas por tu bienestar físico y mental. Nuestros suplementos adaptógenos son de alta calidad, puros y fáciles de integrar en tu vida diaria.