Las setas adaptógenas son aquellas que ayudan al cuerpo a adaptarse a los cambios ambientales y al estrés, equilibrando el metabolismo y mejorando la resistencia física y mental. Son un grupo de setas beneficiosas para nuestro organismo y no actúan en un sentido único, sino que ayudan en la dirección necesaria para restaurar nuestro equilibrio. Ni tienen contraindicaciones, ni dosificación máxima.
Así como hay hongos perjudiciales para la salud, de tal manera que una cuarta parte de los alimentos del mundo están contaminados por micotoxinas[1], también hay setas adaptógenas como Shiitake (Lentinula edodes), o Turkey Tail[2] (Coriolus/Trametes Versicolor), con enzimas que las desactivan[3] contrarrestando su toxicidad.
Las setas adaptógenas más conocidas son:
- Melena de León (Hericium erinaceus) por sus cualidades neuro-regeneradoras;
- Cordyceps por el aumento de la producción de adenosín trifosfato (ATP), esencial para el suministro de energía a los músculos;
- Reishi (Ganoderma lucidum) por su capacidad para reforzar el sistema inmunológico;
- Shiitake (Lentinula edodes) por su capacidad para reforzar el sistema inmunológico.
- Maitake (Grifola frondosa) por su actividad inmunomoduladora.
- Seta del Sol (Agaricus blazei murrill) por su función como antioxidante natural.
- Chaga (Inonotus obliquus) por su capacidad de proteger contra el estrés oxidativo y combatir la inflamación.
- Tremella (Tremella fuciformis) por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
El creciente interés en las setas se debe, por una parte, al movimiento vegano/vegetariano, que ha rescatado a las setas como otro valioso alimento no animal; y, por otra parte, la agricultura ecológica ha devuelto la importancia a las setas en la producción, ya que los cultivos con presencia de hongos no patógenos permiten una mayor absorción de agua y distribución de nutrientes de los suelos, así como protección frente a patógenos.
Ayudan en la dirección necesaria para restaurar nuestro equilibrio
Es crucial que las setas se cultiven ecológicamente[4] en su entorno natural, controlando la contaminación cruzada por aire y lluvia. Las setas, como recicladoras naturales de materia orgánica e inorgánica, absorben todo lo que hay a su alrededor, incluyendo toxinas radioactivas y toxinas creadas por el hombre, las cuales pueden pasar a nosotros al ser consumidas. Hay quienes alegan solucionar esto produciendo en naves industriales estériles, lo que redunda en una menor densidad de micronutrientes y calidad del producto. Lo mejor es que cuenten con la certificación ecológica europea.
Cada seta se considera o bien como alimento o bien como complemento alimenticio, lo que redunda en distintas obligaciones, etiquetado, comercialización, etc. y una mayor confusión para el consumidor neófito. La calidad del producto no reside sólo en su producción ecológica certificada, sino en su posterior procesado. El micelio deshidratado y en polvo es el producto de menor calidad y menor concentración. Los productos elaborados a partir del cuerpo fructífero o seta, tienen una mayor concentración y, si además sufren un proceso de doble extracción de compuestos hidrosolubles y liposolubles, su concentración es varias veces mayor, siendo los productos de mayor calidad y densidad de compuestos biodisponibles.
Y finalmente mencionar que tenemos receptores sensoriales específicos al gusto característico de las setas: el "umami" o "sabroso". Todavía tenemos mucho que descubrir sobre los beneficios de las setas.
Fuentes:
- The Challenge of Global Aflatoxins Legislation with a Focus on Peanuts and Peanut Products: A Systematic Review
- The value of medicinal mushrooms for cancer (El Botiquín Natural, marzo 2022, pág. 6)
- Enzymes for Detoxification of Various Mycotoxins: Origins and Mechanisms of Catalytic Action.
- Setas (II): La importancia del cultivo ecológico en su valor terapéutico y nutritivo. (Bio Eco Actual, junio 2021, pág. 24).
- Documental Fantastic Fungi.